En 1997 entré a la universidad sin saber muy bien qué quería hacer con mi vida profesional. Tenía ideas, tenía energía, pero no tenía dirección.
Entonces alguien me habló de AIESEC.
AIESEC es la organización estudiantil más grande del mundo. Presente en más de 100 países, gestionada completamente por estudiantes y recién graduados, con un propósito simple y ambicioso a la vez: desarrollar líderes que impacten positivamente en la sociedad.
No es un club. No es una asociación de networking. Es una escuela de liderazgo real donde aprendes haciendo, donde los errores tienen consecuencias y donde nadie te rescata si no cumples.
Lo que me enganchó no fue el concepto. Fue la gente. Jóvenes de Venezuela, de Brasil, de Alemania, de India, de Nigeria, todos trabajando juntos con el mismo propósito. Eso no lo había visto antes.
En cuatro años pasé de ser miembro a Presidente de AIESEC en Venezuela. No porque fuera el más brillante. Sino porque cada responsabilidad que asumí me obligó a crecer más rápido de lo que hubiera crecido en cualquier aula.
Este blog es un intento de registrar lo que aprendí en ese camino. No como nostalgia. Como referencia útil para quien hoy está donde yo estaba entonces: con energía, sin dirección, y buscando algo que lo haga crecer de verdad.